Mundo ficciónIniciar sesión¡Lo mío es mío y nadie puede tocarlo!
Al siguiente día del secuestro...Eros—¡Como pudieron dejar que esto pasara! —gruño, lanzando las cosas de la mesa hacia el suelo—Señor...—lo apunto con el arma y le disparo entre las cejasTodos me ven. Nerviosos y cagados. ¡Son unos malditos estúpidos! Descuidarse de esa manera sabiendo que nos respiran en la nuca Daniel, Giuseppe y un montón de petardos pendejos.«¡Señor dame paciencia!» digo para






