Mundo ficciónIniciar sesiónA Iris y a mí nos habían encargado la ardua tarea de llevar uno de los puestecillos benéficos de comida. El nuestro estaba lleno de dulces que habían donado para venderlos a cambio de la voluntad y así pagar los arreglos de la iglesia. Teníamos tarta de Santiago, mantecadas As Pontes, larpeira, bola de nata, tarta de Mondoñedo, almendrados y empanadas dulces; además de café.
—Ponme dos cafés solos y un par de a







