Hades y yo no podíamos hacer otra cosa que volver a esperar, aunque ahora sentados en la cabina de la furgoneta. Él se dedicaba a comer pipas compulsivamente, y el ruido me estaba poniendo aún más nerviosa, de modo que traté de focalizarme en conectar con los chicos.
—¿Hola? ¿Podéis oírme?— cerré los ojos con fuerza como si así el mensaje llegase con más eficacia.
—Reika, todo bien por aquí, hemos capturado a 13.— sabía que era Max, me alegraba muchísimo de saber que estaba a salvo.
—Nosotros