Franco miró la tarjeta en su mano, la guardó en su bolsillo para luego mirar a Amanda caminar y sentarse en el sofá con la mirada perdida y sumida en sus pensamientos, se acercó colocándose de cuclillas frente a ella, tomó sus manos y llamó su atención.
—Cariño, no tienes de qué preocuparte en menos de una hora nos iremos.
—Lo sé, es solo que aun no comprendo porque Choi tiene que actuar así, digo; es el hermano de mi madre, ¡por Dios! No le he hecho nada, ni le debo nada.
—Las personas que sol