Ambos despertaron por el sonido persistente de los golpes en la puerta. Amanda se removió en sus brazos quejándose.
—Yo me encargo, bonita. —Le dio un beso en la frente y eso fue suficiente para que ella volviera a tomar otra postura y siguiera en lo suyo. Ella era muy madrugadora, pero si su tiempo de dormir podría durar un poco más, no se iba a quejar. Además, estaba demasiado cansada como para levantarse a atender a quien sea que estuviera tocando.
Franco se preguntó a quien se le había ocur