CHRISTIAN
Mi escritorio está cubierto de escrituras de propiedades y contratos de seguridad de alta gama para familias adineradas.
Toc, toc.
Parpadeo, desviando la mirada hacia la puerta con la mandíbula tensa. Espero que sea Ace quien entre.
En su lugar, la puerta se abre de par en par y ella entra.
Ivy.
El cabello rosa le cae por los hombros, lleva una falda tan corta que prácticamente es un delito, y unas piernas kilométricas que terminan en esos tacones altos y seductores que resuenan