IVY
—Ahhh… mierda—ohhhhh...—
No se detiene. Pulgada a tortuosa pulgada, me va llenando, obligando a mis paredes a separarse, abriéndome más ancho y más profundo de lo que he sentido en toda mi vida, hasta que sus caderas quedan completamente pegadas a las mías y me he tragado cada pulgada de su miembro enorme.
Me siento imposible y dolorosamente llena. Mis paredes internas tiemblan y tienen espasmos sin poder evitarlo alrededor de la gruesa intrusión. ¡Mierda, mierda, mierda!
—Maldita sea… —gru