CHRISTIAN
Me salgo despacio. En el segundo en que mi pija gruesa le deja el calor, le sale un chorro de mi leche. Le chorrea directo de su hoyo mojado y usado, bajándole en hilos gruesos y pálidos por los muslos blancos hasta juntarse en las sábanas.
Es sucio. Está mal. Es hermoso.
Y verlo me hace hervir la sangre, apretándome el pecho con una prisa enferma y adictiva de posesión.
—¿A Papi le gusta verme chorreando su leche?
Ivy lo susurra contra el silencio del cuarto mientras gira la cabeza h