Miré tranquilamente a la anciana y le hablé con voz suave: —Este asunto es un poco complicado. Creo que sería mejor esperar a que regrese Jacinto para hablar todos juntos, ¿le parece bien?
En ese momento, el anciano soltó otra maldición: —Este desgraciado, ¡ni siquiera sabemos qué ha estado haciendo fuera! Te digo, ¡estos son los resultados de mimarlo demasiado!
La anciana miró a su esposo, dándole una señal con la mirada.
—No saquemos conclusiones apresuradas. ¡Escuchemos lo que dice Jacinto c