Resultó que la firmeza de Quinto no pudo detener mi actitud dominante.
Con una expresión disgustada, me dijo: —Es el señor Hugo.
Resoplé fríamente y le pregunté: —¿Hugo? ¿Lo conozco? ¿Por qué querría invitarme? El señor Santana lo sabe, ¡no acepto invitaciones sin razón aparente! ¡Debe haber una razón adecuada! No voy a cualquier lugar, eso no es parte de mi personalidad. ¡Tu primo Lluc lo entiende!
Quinto estaba sin palabras ante mi actitud y me miró un poco frustrado. Dijo con un tono algo inq