Justo cuando iba a preguntar de nuevo, la mano de Patricio se tensó, claramente insinuándome que no continuara.
Ya podía oír a mi hija gritando.
—¡Abuelo, vine con papá y mamá a verte plantar árboles! ¡Abuela dijo que apuraras el trabajo para empezar a comer pronto!
Rápidamente me compuse, mirando hacia donde estaba, vi a mi papá con un sombrero de paja y una toalla colgando del cuello, cubierto de sudor, tan bronceado que parecía carbón.
Pero su cuerpo se veía mucho más fuerte, hay que recordar