Él contestó el teléfono, apenas murmurando un “dime”, esperó a que yo terminara de hablar, y sin más preguntas, colgó.
Pensé que quizá estaba en una junta y no le di mayor importancia. Vi la hora; rozaba el mediodía. Tomé mi bolsa y le comenté a Estela.
—Voy a salir, a darle una vuelta al señor Máximo.
Después de todo, lo de Valeria había sido hace unos días ya, y hacía tiempo que no pasaba por casa de los Nieves. Mañana me lanzo a Ciudad Jim, y no pienso volver hasta pasados un par de días. Dem