Al llegar al Villa Nieves, encontré a Máximo solo en el jardín trasero, reposando en una silla con aire melancólico. Su semblante se iluminó al notar mi presencia.
—Mary, ¿cómo llegaste? ¿No estabas ocupada?
—¡Vine para acompañarte a comer! —Respondí con una sonrisa, tomando asiento frente a él.
Él se puso de pie para mirarme mejor y sonrió.
—Qué detallazo de tu parte, Mary.
—Estos días han sido un torbellino, apenas he tenido chance de venir a verte. Ni me he enterado cómo has estado. Mañana de