Justo cuando di la vuelta, mi muñeca fue atrapada por él.
No me atreví a mirar a sus ojos, me quedé allí, torpe, siendo arrastrada, incapaz de escapar, y la vergüenza me invadía.
Estuvimos en un punto muerto por un buen rato, él aplicó un poco de fuerza y me arrastró de regreso a sus brazos, presionando mi cabeza contra su pecho.
—¡Debes alejarte de Hernán lo antes posible!
Esta frase fue como un catalizador, suavizando al instante mi corazón que se acababa de endurecer.
—Pero no les permitiré q