Al ver sus acciones, todos se sintieron un poco inquietos, sin saber qué sucedería en el próximo instante.
Diego retrocedió instintivamente un paso.
Raúl, con la mirada ligeramente baja, trajo una silla, la colocó cuidadosamente y luego llevó a Ivanna, haciéndola sentarse en ella. Le preguntó suavemente: —¿Dónde te lastimaron?
Ivanna le respondió indiferente: —¡Estoy bien!
—¿Dónde te lastimaron? —Raúl le preguntó pacientemente, pero cualquiera que escuchara esa pregunta sentiría escalofríos.
Iva