Entré en la fábrica y el potero me paró. Le dije que había venido a ver al sr. Rodríguez.
El potero me miró de arriba abajo y me dijo con frialdad: —El sr. Rodríguez ya está en viajes de trabajo.
—¿Puedo saber a dónde ha ido? —estaba un poco ansiosa, porque no tenía mucho tiempo para quedarme en Ciudad Jim.
—¡Cómo puede un portero saber tanto!—su actitud no era muy buena.
—¿Por favor, puede darme su número? Había venido desde muy lejos, sólo para verle en persona, pero hace 4 años olvidé pedirle