Pilar me miró con duda, asentí con la cabeza animándola a hablar: —¡Me gusta más tu actitud de antes! ¡Debes mantener tus principios sin importar qué!
—¡Señorita Lara!...— La comisura de la boca de la señorita Ortega se contrajo, como si presintiera que algo malo estaba por suceder.
Al escuchar mis palabras, Pilar se enderezó, mirando a Patricio con el rostro un poco agitado. Las marcas de los dedos en su pálida cara se volvieron más evidentes. Ella, con una expresión viva, relató detalladamente