En ese momento, su rostro estaba pálido como la cera y temblaba por completo. La sostuve y le dije: —No te preocupes, estoy bien. La policía solo está haciendo su trabajo, solo van a preguntar. No tengas miedo. Ella vino a causar problemas y a golpearte, la policía será justa.
—Yo también iré... no me quedo, ¡iré contigo!— Sonia me tomó como si temiera que me fueran a llevar y no regresara.
Viendo la desesperación en sus ojos, entendí completamente su corazón. Para ella, yo, una extranjera, una