Estaba a punto de voltear y marcharme, pero Sonia me llamó: —...María, ... ¿puedo ir contigo?
En ese momento, me quedé sin palabras. Levanté la vista hacia Patricio, cuyos ojos brillaban con un destello suave. Miré a Sonia y le pregunté: —¿Ya lo decidió?
Ella asintió con fuerza, respondiendo: —¡Sí! ¡Iré contigo!
—...¡Mamá!— Hernán estaba atónito. Su propia madre eligió irse conmigo en ese momento, dejándolo en una situación incómoda.
Todos los policías presentes miraban la escena boquiabiertos.