Respiraba profundamente, mirándolo de reojo, y dije: —No creas que con eso me vas a perdonar. Esas imágenes se han quedado en mis ojos, han herido mi corazón, y no las olvidaré.
Él me rodeó con sus brazos y con una voz llena de cariño dijo: —Entonces castígame, permíteme abrazarte toda la vida, sin soltarte jamás.
Su comentario me hizo reír. Realmente no sabía qué hacer con él, siempre encontraba la manera de volver las cosas a su favor.
—Si te atreves a hacer algo así de nuevo, no te perdonaré.