Al oír esas palabras, me quedé en shock. ¿Cáncer de hígado? ¿Y en etapa avanzada?
Mis manos se enfriaron al instante. ¿Cómo podría ser algo tan grave? Me preocupaba que estuviera enferma, pero nunca imaginé algo así. ¿Cómo le iba a decir?
Permanecí sentada, casi sin reacción, mientras el médico explicaba los tratamientos posibles. Al final, suspiró y dijo que había pocas esperanzas de supervivencia.
Aunque ya no era parte de su familia, Sonia era la abuela de Dulcita, la persona que más amaba a