Al pie del imponente edificio de la corporación Wharton, ajusté mi estado de ánimo, poniendo en orden los papeles del diagnóstico de Sonia. Con ellos en mano, salí del coche y caminé con paso decidido hacia el interior.
Era mi segunda vez aquí. La primera vez que vine fue para reclamar mi identificación a Hernán, y terminé discutiendo con él y con Sofía.
¿Cómo sería el resultado de nuestra comunicación esta vez? No esperaba que fuera mucho mejor.
Cada vez que venía aquí, surgían conflictos con e