Cuando la figura de Patricio desapareció de la vista de todos, los presentes todavía no habían logrado recuperarse de su autoridad y decisión.
Después de un largo silencio, Felipe también se levantó y repitió: —¡La reunión ha terminado!
Su anuncio pareció devolverles el alma al cuerpo. Me volví hacia Estela y le dije: —Vámonos también nosotros.
De repente, un grito agudo rompió el silencio en la sala de reuniones: —¡María! ¿Qué te he hecho yo? ¡Siempre me estás atacando!
Me giré, sorprendida, ha