En la sala donde todos evitaban el intimidante mirar de Patricio, la preocupación flotaba en el aire, temerosos de que él llamara sus nombres.
Yo permanecía en silencio, pero ante la falta de opinión de los demás, me vi forzado a dirigirme directamente a Liza: —Señorita Sánchez, siendo usted la agente de la señorita Montes, ¿por qué no comparte primero su punto de vista? ¡Todos estamos ansiosos por escucharlo!
Liza, con la boca medio abierta y tragando saliva, respondió: —Pues, a mí me parece bi