Después de que mi mamá y Luciana se fueron juntas, Patricio se acercó lentamente y se sentó frente a mi cama en la silla. Me miraba con calma, con una expresión fría, como si estuviera pensando en cómo comunicarse conmigo.
La verdad era que me sentía muy agraviada. En algún rincón de mi corazón, la oscuridad y la luz coexistían. Ver a Mariana todavía luciendo radiante, como si nada hubiera pasado, acercarse a mí de manera descarada y desafiante, realmente me hacía sentir incómoda.
Desde el día e