En medio de un caos ensordecedor, sentía dolor por todo el cuerpo, una dolorosa agonía. El estruendoso impacto del camión que venía de frente, la súbita embestida que hizo temblar los objetos blancos que me rodeaban, la asfixia que se apretujaba sobre mí, impregnada del olor punzante de la solución desinfectante, y hasta el chirrido agudo de los frenos, el timbre del teléfono. Entonces, solté un grito desgarrador: —¡... ...¡Ah!
—¡Se despertó!... ...¡Ella se despertó!
Jadeé profundamente, sintien