La situación parecía calmarse cuando todos notaron que Hernán, de alguna manera, recobraba la compostura y ordenaba un poco el caos que nos rodeaba.
Estela, por su parte, se encargó de llevarme de vuelta a la oficina.
De repente, Hernán irrumpió nuevamente con enérgicos pasos. —María— dijo con firmeza—, ¿qué relación tienes con el Señor Rodríguez de anoche? ¿Por qué no me dijiste nada mientras estábamos juntos? ¿Cuántos recursos ocultos tienes que yo desconozco? María, ¿por qué actúas así?
Yo, p