James se negó a soltar sus labios de esta manera, si no que la abrazó con más fuerza y apretó su agarre.
Astrid ejerció toda su fuerza, golpeó y pateó, luchó y finalmente escapó de él …
Ella jadeó y jadeó y dijo enojada ― ¡James, ¡eres un gilipollas! ¿Sigues pensando mal de mí? Crees que él y yo tenemos algo más, ¿verdad? ¡Cómo diablos quieres que te cuente!
Lloró y cuestionó enojada.
La tenue luz en la habitación iluminó su rostro muy feo.
James espetó ― ¿Soy un gilipollas? Pues si, lo soy. ¿P