La llamada telefónica de anoche hizo que Astrid perdiera el sueño, y al día siguiente su rostro era igual que el de un oso panda.
Fue difícil descansar, Sámara destruyo la noche. Naturalmente, no podía dejarla tan fácilmente.
“Señorita King, reunámonos hoy. Tengo algo importante de que hablarte, esta es la dirección…”
Cuando Sámara leyó el mensaje, pensó que Astrid quería disculparse para preguntar por Irene, por lo que llego al lugar a la hora indicada. Pero descubrió que Astrid no estaba e