En su última clase, Milena no podía concentrarse. Blas ocupaba sus pensamientos de manera constante. Su pecho todavía dolía. Sin embargo, las palabras de disculpa que Blas le dirigió antes de desaparecer por el pasillo habían calmado parte de su angustia, pero esa paz se desvanecía al recordar lo que él le había dicho.
“Sabes por qué estás aquí, ¿cierto?”.
Este pensamiento perforaba su corazón una y otra vez. Todos esos años viviendo con su hermano Edward la habían hecho sentirse como una prisio