Treintiseis

Apreté el gatillo.

La bala atravesó su cuello a la corta distancia en la que nos encontrábamos. Lo miré cuando cubrió con ambas manos su cuello intentando detener la hemorragia, sus ojos fijos en mí cuando cayó de rodillas, antes de caer al suelo completamente muerto. Di un paso atrás quedándome sin aliento y solté el arma.

 Estaba muerto.

-

Abrí los ojos cuando vi a Tolmer sobre mí estremeciéndome por los hombros, fruncí el ceño y lo empujé alejándome de él chocando mi espalda contra la puerta del auto.  

—Lo siento —dijo Tolmer—, ¿Está bien? Te desmayaste.

Afirmé con la cabeza, Tolmer se había volteado desde el asiento del copiloto mientras mi mamá me veía por el retrovisor.

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