278. Carcajada espontánea
278
Julieta intentó recuperar la compostura, aún sentada en la cama con el rostro encendido de vergüenza. Se envolvió la manta que Max le había pasado alrededor del cuerpo, mirándolo con una mezcla de reproche y timidez.
—¿De qué te ríes? Esto no es gracioso. —Su voz era suave, pero cargada de frustración.
Max se inclinó hacia ella, apoyando los codos sobre sus rodillas, todavía sonriendo con ese aire desenfadado que a veces la sacaba de quicio y, al mismo tiempo, la desarmaba por completo.