277. Arruinar momentos perfectos
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Marcelo estaba sentado en la elegante oficina, rodeado de un lujo que contrastaba con la oscuridad de sus intenciones. En sus manos sostenía un encendedor, girándolo entre los dedos como si fuera un juguete. Su mirada estaba fija en las proyecciones financieras de una de las empresas de Sebastián, el hombre que había osado desafiarlo. Todo había sido calculado al detalle, desde las fallas en el sistema hasta los rumores que habían provocado caos entre los trabajadores. Ahora, solo quedaba e