268. Lo que ella necesita
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Marcelo estaba decidido a encontrar respuestas. La cárcel, ahora un esqueleto humeante y lleno de escombros, ya no ofrecía pistas visibles. Sabía que quedarse allí sería una pérdida de tiempo, así que ajustó su abrigo y decidió tomar un enfoque más directo. Si Maximiliano no estaba entre los escombros, alguien tenía que saber algo.
Con esa determinación, condujo hasta la instalación temporal donde habían reubicado a los reclusos sobrevivientes. Al llegar, su sola presencia imponía respeto.