269. Maximiliano era...
269
Anthony entró con su habitual porte imponente, apoyándose ligeramente en su bastón, pero con la mirada tan firme como siempre. Julieta, al verlo, se irguió de inmediato, aún con los ojos enrojecidos, pero llena de una determinación feroz.
—Hija —dijo Anthony con una voz grave pero cargada de ternura—. Marcelo me dijo que estabas aquí, así que vine a verte.
—¡Él no está muerto! —exclamó Julieta antes de que él pudiera decir algo más, como si repitiera un mantra para convencerse a sí misma