217. Aturdida
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Julieta abrió los ojos lentamente, sintiendo un peso en su cabeza y un leve mareo. La habitación estaba iluminada con una tenue luz, y cuando intentó moverse, un vaso de agua fresca apareció frente a ella. Sin pensarlo, lo tomó con avidez, dejando que el líquido aliviara su garganta seca.
—¿Estás bien? —preguntó una voz suave y ronca.
Alzó la mirada y encontró los ojos de Maximiliano fijos en ella, llenos de preocupación y algo más, una culpa que parecía consumirlo. Julieta parpadeó, aun tr