216. La guardería
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La guardería, que hacía unos minutos era un caos de gritos y movimiento, quedó sumida en un silencio sepulcral. Julieta estaba en estado de shock, incapaz de procesar la magnitud de lo que ocurría. Sin darse cuenta, se había aferrado a Maximiliano, sus manos temblorosas buscando refugio en él mientras su mente se hundía en un abismo de desesperación.
—Todo estará bien, Julieta —susurró Max con firmeza, aunque su propia voz temblaba ligeramente.
—Mi niña, Nicoll… trae a mi niña —hablaba con