133. Casi las 10
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El reloj marcaba casi las diez de la noche y la ciudad brillaba a través de las ventanas de la oficina de Tomás. Se encontraba recostado en su sillón, con una copa de whisky en la mano, mientras frente a él, Fabricio servía otra ronda. Ambos lucían agotados, y aunque el alcohol ayudaba a relajar sus tensiones, la conversación seguía siendo seria.
Había pasado una semana desde la visita de Eleanor Weaver y era seguro que la mujer quería verlos hundidos, quiso meter en aprietos a Fabricio,