132. Nombres y visitas
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Julieta se inclinó para mojar el rodillo en la pintura y miró de reojo a Max, quien estudiaba las paredes con una expresión concentrada, pero Julieta sabía que solo quería seguir molestándola.
—¿Qué te parece “Esmeralda”? —dijo él, tratando de sonar serio.
Julieta arrugó la nariz, entre horrorizada y divertida.
—Max, ¿de verdad quieres que nuestra hija se llame como una gema? ¿Qué sigue, “Diamantina”? —Se queja indignada, por todos esos nombres horrendos.
Él soltó una risa y se acercó