Cira frunció el ceño, sin saber si era la atención de la señora Vega o la idea de Carlos.
Este tema era demasiado peligroso. La mirada de Cira se desvió y le dijo: —Tía, no entiendo muy bien lo que quiere decir, pero creo que las personas no pueden quedarse siempre igual. También quiero salir y explorar. Ustedes me han tratado como a una hija, pero los polluelos crecen y al final deben dejar el nido de sus padres para construir el suyo propio. ¿No es así?
Ella jugó la carta emocional, llevándola