Marcelo se apartó de la mirada y se agachó para recoger las frutas caídas, devolviéndolas al cesto.
Cira también se agachó a ayudar, reorganizando la cesta de frutas. Decidió dejarlas en la puerta de Alicia, diciéndole a la enfermera que eran para ella.
Recibirlas o no era decisión de la enfermera, pero hacer la oferta era su responsabilidad.
Cira y Marcelo abandonaron el departamento de hospitalización juntos. En el ascensor, Marcelo la miró con ojos bajos y le dijo: —No te enojes.
Cira sonrió: