El pecho de Myla subía y bajaba en ráfagas superficiales, su mente atrapada en ese espacio nebuloso entre el sueño y el despertar. No podía moverse. Estaba tumbada de lado, sintiendo algo pesado moviéndose hacia ella en la oscuridad, presionando contra el borde de su cama. Su cuerpo no respondía. El pánico revoloteó en su garganta mientras unas manos invisibles parecían sujetarla.
Un aliento cálido se posó sobre su mejilla, y sintió dedos rozando suavemente su pelo con lentitud, casi con ternur