CAPÍTULO CIENTO CINCUENTA: EL ANCLAJE

 

El beso no fue suave ni tierno; fue una conquista. Jared mordió el labio inferior de Beck hasta que probó el sutil y metálico sabor de la sangre, y su lengua se abrió paso en la boca de Beck, recorriéndola como si intentara consumirlo de adentro hacia afuera. Necesitaba ahogar el ruido en la cabeza de su amante, reemplazar la estática digital con la cruda realidad de la carne.

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