capitulo
Kael no responde, pero su espalda se endurece. La ciudad cambia de ritmo: los autos disminuyen, los sonidos se vuelven huecos, como si alguien hubiera bajado el volumen del mundo. Entramos a una plaza abandonada. Farolas parpadeante. Grafitis viejos. Un círculo imperfecto marcado en el suelo con símbolos que reconozco… sin saber por qué.
— No crucen — dice Meara, alarmada —. Esto es un umbral.
Demasiado tarde.
El suelo late.
Una presión brutal me empuja al centro. No caigo, p