POV: Aurora
El mal no siempre llega con garras y colmillos. A veces llega en un sobre de papel vitela.
Estábamos desayunando en la cocina pequeña del servicio, el único lugar de la mansión donde no nos sentíamos vigilados por los retratos de los ancestros Blackthorn. Kieran estaba friendo huevos (quemándolos, en realidad), Lucian leía un periódico financiero con el ceño fruncido, y yo intentaba convencer a mi estómago de que la tostada con mantequilla era amiga, no enemiga.
Era una escena doméstica. Irreal.
Una burbuja de jabón a punto de estallar.
El sonido llegó primero.
No fue un coche. Fue un aleteo.
Pesado. Rítmico. Como sábanas mojadas golpeando contra el viento.
Kieran apagó el fuego de la cocina al instante. Su mano fue a la cintura, buscando el cuchillo que ahora llevaba siempre, incluso en pijama.
—¿Qué es eso? —preguntó Lucian, dejando el periódico.
—Viene de la ventana —dije. Mi loba se erizó, no por miedo, sino por una repulsión instintiva. Sucio. Antiguo.
Me levanté y ca