POV: Aurora
El invierno llegó a Blackthorn Manor tres meses antes de tiempo.
No fue un cambio climático. Fue una presencia.
Llevaba dos días encerrada en mi habitación, caminando en círculos sobre la alfombra persa hasta que mis huellas quedaron marcadas en el tejido. Mi cuerpo era un campo de batalla. La fiebre había bajado, pero había dejado algo peor en su lugar: un hambre constante.
No de comida.
De ellos.
El hilo de plata que me unía a Kieran vibraba con una frecuencia baja y dolorosa, una nota de violonchelo tocada en una habitación vacía. Él estaba cerca, patrullando los pasillos, montando guardia frente a mi puerta como un perro fiel. Su cercanía me calmaba, pero no me llenaba.
Porque faltaba la otra mitad.
La cadena de oro. El vínculo con Lucian.
Tiraba de mi ombligo hacia el norte con una insistencia que me hacía despertar por las noches jadeando, con las sábanas empapadas de sudor frío y el nombre de un desconocido en los labios.
VEN. MÍA. VEN.
Era una tortura.
Me acerqué a