Mientras tanto, a decenas de kilómetros de allí, Isabella comenzaba la mañana en un ambiente completamente opuesto.
Se encontraba relajándose en la sala de estar de su residencia. Sobre la mesa de cristal había un recipiente con trozos de fruta, mientras el televisor permanecía encendido, dejando que las imágenes desfilaran sin que nadie les prestara atención.
Desde hacía un buen rato, toda la atención de Isabella estaba concentrada en la pantalla de su teléfono, que deslizaba con desgano.
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