Ese mismo día, Lorenzo cumplió su palabra. En cuestión de pocas horas, todos los asuntos relacionados con la logística y los permisos de navegación quedaron resueltos.
Un lujoso yate permanecía atracado en el muelle, acompañado por una tripulación que los recibió con impecable profesionalismo.
La satisfacción rebosaba en el pecho de Isabella y no dejaba de dibujar una sonrisa en sus labios. Sentía que había ganado una competencia invisible y que ahora disfrutaba del mismo nivel de lujo.
En cuan