Catalina mantuvo su elegante sonrisa. Sin embargo, detrás de aquella expresión aparentemente perfecta, en el fondo de sus ojos se ocultaba algo que hacía que Alessia se sintiera incómoda. Era la misma mirada que había visto durante el incidente en la villa.
—Señorita Alessia... —la llamó Catalina al ver que la mujer frente a ella no reaccionaba.
La voz de Catalina era tan suave que cualquiera la habría considerado una mujer sumamente amable.
Alessia se limitó a mirar la mano extendida sin hacer