En la residencia Vignelli, Isabella cerró la puerta de su habitación con fuerza, pero el estruendo de los objetos que arrojaba al suelo era tan fuerte que podía escucharse desde el pasillo. Un jarrón se había hecho añicos junto al tocador, mientras varios cojines y cajas de joyas estaban esparcidos sobre la alfombra.
Isabella permanecía de pie en medio de la habitación, con el cabello desordenado y la respiración agitada. Su teléfono no dejaba de vibrar sobre la cama, mostrando notificaciones q